Están por todas partes. Comparten trabajo, barra de bar, autobús y cola en el cine.
No llevan un cartel por lo que no son reconocidos a simple vista. Pero dejan su estela de cobardía cada vez que hablan, cada vez que callan, cada vez que asienten, cada vez que consienten.
Van de respetuosos porque no quieren reconocer que son cobardes, que no se atreven, que tienen miedo, que no son capaces de ofrecer soluciones.
Dicen que no se puede, pero con su silencio dañan, con sus palabras hieren, con su indiferencia matan.
Son consentidores de barbaries, de pequeñas injusticias, o de enormes atropellos.
Y no miran. No miran a la cara porque no quieren ver, porque no quieren saber, porque así a nada se comprometen. A nada.
Cuando hablan lo hacen por la espalda, difamando al que tiene ideas, al que defiende un comportamiento cívico y ético justo, o amenazando al que apoya cambios de justicia social.
A mí no me gustan los cobardes, me dan pena, me dan rabia, no les entiendo.
No pueden ser felices quienes van de cobardes. Esconden su cobardía, la disfrazan de condescendencia, de tolerancia y profanan con su postura estas palabras. ¿Tolerantes con quién?
Hay muchos cobardes. Que no defienden nada, que no se estremecen, que no tienen sentimientos, que no tienen agallas, que nada les importa excepto llenar su bandullo y su cuenta bancaria.
No es agradable estar en una Asociación dónde abundan los cobardes, los individualistas; los del primero yo, luego yo, y por encima de todos yo. Dónde no hay valientes que se atrevan a que primen los Valores que se le suponen a una persona honrada y por ende al montañero/a (el compañerismo, la solidaridad, etc) por encima de cualquier otra consideración. Dónde se ponen trabas en vez de dar facilidades para que el deporte sea accesible a todos aquellos que lo deseen.
No voy a obligar a nadie a que haga deporte a mi nivel, pero tampoco admito que me impidan que realice o promueva una actividad (deportiva) legítima, en condiciones legítimas, en las fechas en que no interfiera con ninguna otra actividad programada. De Asociaciones carentes de toda ética, dónde los cobardes imponen un continuismo alegal no merece la pena formar parte. Hay que volver a volar libre. A los que amamos la libertad que otorga la montaña no nos pueden constreñir con impedimentos.
Pero además, desde la defensa del mismo sentido ético, es coherente desenmascarar a los que desde su cobardía están pervirtiendo el espiritu y la verdadera razón de ser del montañismo en nuestra ciudad... derivandolo hacia un mercantilismo puro y duro de "turismo en la montaña" que nada tiene que ver con el Deporte.
Saludos
Próximo Sábado 2 de Junio
Hace 4 días

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada